Demostró
el hecho de que, gracias a las suturas,
los huesos del cráneo pueden moverse:
aunque es evidente que no se mueven como
otras articulaciones del cuerpo. Sin embargo,
el hueso vivo es flexible y permite un
cierto grado de deformación mínima
en su estructura.
El
cerebro, contenido en la caja craneal,
está provisto de células
especializadas en el mantenimiento y la
nutrición del tejido nervioso,
que tienen la particularidad de contraerse
y dilatarse. Esto hace que el cerebro
se dilate y se contraiga, al ritmo de
3 a 6 veces por minuto. Si el cráneo
fuera una caja rígida, los cambios
de volumen de la masa cerebral resultarían
imposibles.
Entre
los huesos del cráneo y el cerebro
existen unas envolturas llamadas meninges
(por cuyo interior circula el líquido
cefalorraquídeo), que atraviesan
el canal vertebral, rodeando la médula
espinal y desembocando en el sacro. Esta
membrana inextensible, transmite los movimientos
de los huesos del cráneo al sacro.
Las
contracciones rítmicas del cerebro,
provocan en el interior del cráneo
oleadas de fluctuaciones líquidas
que se propagan para difundirse por las
menínges y el sistema nervioso.
Es por lo tanto muy importante tratar
el cráneo desde la infancia, incluso
desde el nacimiento.
El
osteópata deberá liberar
las suturas y las ataduras musculares
del cráneo para suprimir cualquier
tipo de tensión o disfunción.
¡¡Tu
cuerpo te lo agradecerá!!
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